viernes, 29 de julio de 2011

La mejor cara de Colombia ante el mundo

El reto que asume desde este viernes el país de ser la sede del mundial Sub-20de fútbol de la Federación Internacional que regenta dicho deporte, la FIFA.  es la mejor oportunidad que tiene Colombia para mostrarse ante el planeta como un territorio que además de la biodiversidad que ofrece, lo mejor que tiene está representado en su gente.

Estadio 'General Santander' de Cúcuta
Hay problemas de todo tipo, pero por encima de ellos están las manifestaciones cotidianas de vida de hombres y mujeres que hacen de esta patria algo grande y emocionante para vivir,  teniendo en el fútbol al deporte más popular, así sean otras disciplinas menos mediáticas las que generalmente entreguen los triunfos.

Aunque el fútbol organizado a nivel global y local es un negocio que arroja importantes dividendos económicos para sus manejadores, para el pueblo no deja de ser una fiesta significativa y pasional que genera alegrías, tristezas y un montón de sentimientos encontrados cuando de simple espectador se pasa a aficionado o hincha.

Aunque el oriente colombiano, de manera injusta, no fue tenido en cuenta para que algunas de sus ciudades, en especial Cúcuta, albergará uno de los grupos de selecciones nacionales en competencia, lo cierto es que la realización del certamen debe llenar de confianza a la nación para asumir responsabilidades de este orden y poder cumplirlas con éxito.

Tener delegaciones deportivas de los diferentes continentes, periodistas venidos de distintos puntos de la geografía mundial, aficionados llegados de una y otra parte, medios de comunicación mencionando a Colombia de forma permanente en sus secciones deportivas, es algo que no puede dejar pasarse de manera desapercibida, así a alguien no le guste el fútbol.

Aficionados cucuteños
Ojala la realización del campeonato mundial sirva para que los colombianos puedan integrarse más, reconocerse como connacionales no por accidente de la vida sino por la solidaridad que obliga el compartir un pedazo de tierra y sueños en común, para mostrar que la auténtica identidad está en la diversidad presente en 46 millones de habitantes, y, entre muchas otras cosas, que siguen siendo excelentes anfitriones.

La gracia de un deporte como el fútbol no está en darle puntapies a una pelota  y hacer goles. Está en entender que se trata de una actividad que permite integrar a personas, a colectivos; que si se practica como debe ser entonces enseña a trabajar con disciplina, a respetar roles, a cumplir tareas en provecho del bien común, a aprender a ser humilde en la victoria y a aceptar con decoro la derrota.

Bienvenido sea, entonces, este campeonato mundial de fútbol Sub-20 de la FIFA. Éxitos a todas las selecciones participantes, empezando por Colombia, la anfitriona. Los resultados deportivos son lo de menos, pues lo de más está en el regocijo de un pueblo que siente el orgullo de recibir a cientos de visitantes quienes, seguramente, desde hoy tendrán siempre presentes en sus vidas el placer de estar recorriendo y disfrutando las cosas maravillosas de un gran país: Colombia.


miércoles, 27 de julio de 2011

Bendito país de contrastes

Los acontecimientos en Colombia son tan variados y complejos que los ciudadanos no terminan no digerir una noticia importante cuando tienen dos o tres más encima. Esto no tiene nada de raro o de particular. Apenas es una muestra de lo que sucede en casi todo el mundo donde miles de sucesos culturales, políticos, económicos, religiosos, deportivos, entre otros más, se presentan a cada instante.

La lamentable muerte del Joe Arroyo, uno de los artistas colombianos más importantes y representativos del último medio siglo; la lógica decisión de un juez de enviar a la cárcel al ex-ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias por los casos de corrupción en Agro Ingreso Seguro; la determinación de la Corte Constitucional de reconocer los derechos de las parejas homosexuales y pedir al Congreso de la República que legisle sobre el particular en los próximos dos años, se convierten en unas horas en muestra de lo señalado en el párrafo anterior.

Esto, sin contar que en pocas horas el país empezará a vivir el mayor certamen deportivo del que será sede en 2011: el campeonato mundial de fútbol en la categoría de los 20 años, por lo que seguramente la mayor parte de los medios de comunicación nacionales concentrarán sus esfuerzos informativos en el desarrollo de dicho acontecimiento y varias temáticas pasarán a un segundo plano.

Vamos entonces por partes, sin querer desconocer los otros cientos de situaciones que en buena parte de los casos no alcanzan a clasificar dentro de las agendas mediáticas por diferentes circunstancias, historias que marcan momentos de alegrías, tristezas, de vida y de muerte.

El fallecimiento del 'Joe' a sus 56 años, aún muy joven para dejar este mundo, enseña que la gente quiere a sus artistas de verdad. No existe rincón del territorio patrio donde su pérdida no haya ocasionado tristeza pero, sobre todo, palabras de agradecimiento por lo que entregara, musicalmente hablando, irradiando energía y contagiando entusiasmo por doquier.

Foto: El Heraldo de Barranquilla
Personajes como Álvaro José Arroyo, el 'Joe' son los que permiten que los colombianos sean optimistas, a pesar de diversas adversidades; que los nacidos en esta parte del planeta respiren vida, a pesar de tantas cosas que huelen mal; que quienes llevan en la sangre el amarillo, azul y rojo, a pesar de tener razones para deprimirse, lo que quieran es agradecerle a Dios por todo lo que reciben y son. Como se le escuchó decir a alguien en la radio: Joe, paz en su rumba. 

De otro lado, el caso del ex-ministro Arias no podía dar para más, pues parecen ser tan contundentes las pruebas sobre los casos de corrupción presentados desde la cartera a su cargo en el anterior periodo presidencial, que hubiese sido difícil entender una situación diferente a la adoptada por el magistrado que argumentó la decisión de dictarle medida de aseguramiento y privarlo provisionalmente de la libertad.

Aunque el proceso jurídico continúa y quienes en él intervienen podrán seguir destapando sus cartas para buscar absoluciones o condenas, lo cierto es que no se pueden admitir presiones externas o diferentes a aquellas que resulten de las pruebas que se sigan obteniendo por organismos como la Fiscalía. 

Las polémicas que surgen de forma paralela a escándalos de este tipo sobre si los implicados representan un peligro social están a la orden del día. Si ellos no representan una gran amenaza por feriar los recursos oficiales que deben ir a atender a la población vulnerable de este país, entonces: ¿Quiénes serán los peligrosos? ¿Los que hurtan billeteras en las calles?

El otro tema de amplio significado tiene que ver con lo decidido por la Corte Constitucional en el sentido de avalar las uniones de personas del mismo sexo con las garantías jurídicas que tienen aquellas parejas heterosexuales que se conforman bien a través del matrimonio o por relaciones de hecho.

El debate sigue tan vigente como antes, cualquiera hubiese sido la posición de la Corte, faltando todo el camino que en el Congreso deba recorrerse de aquí a dos años para la adopción de una ley que regule toda esta temática.

La discusión no resulta nada fácil, pero no porque Colombia sea un país conservador o aquí se juegue a una especie de doble moral, aunque muchas veces sucede, sino porque se trata de un hecho cultural, social y político de fondo. 

El Congreso debe empezar lo más pronto posible a asumir los estudios de los varios proyectos que seguramente resultarán de las propuestas de las diversas bancadas políticas y recoger las inquietudes que se susciten en las regiones. Lo peor que pudiese hacer el legislativo es dejar pasar el tiempo y a última hora no hacer nada o terminar aprobando cualquier cosa a 'pupitrazo limpio' o dependiendo de las emociones del momento.

Esperemos ahora qué otros temas o problemáticas del orden nacional nos deparen las siguientes horas, pero con los ocurridos de forma reciente hay tela para rato.


lunes, 25 de julio de 2011

Para los de ruana... y los de cuello blanco, también

En Colombia estamos acostumbrados a que pase de todo y, a la vez, no pase nada. Siempre se ha intentado  vender la idea que a punta de reformas de papel en lo económico, lo político, lo agrario y lo judicial el país cambiará como por arte de magia.

Todavía se escucha el eco  provocado por la corrupción de grandes jefes de los organismos de control, algunos de los cuales fueron a parar a la cárcel, como casos excepcionales. Excepcionales porque hizo carrera que los delincuentes o pícaros de cuello blanco, no pueden tener otro calificativo, luego de hacer y deshacer recibieran como premio un cargo mejor en el país, bien en el sector oficial o la empresa privada, cuando no resultaban abandonando el territorio nacional...pero para irse en calidad de diplomáticos a ejercer como embajadores. Mejor dicho, aquí generalmente se ha puesto al ratón a cuidar el queso. 

Por ello, las medidas que vienen adoptándo al más alto nivel entidades como la Procuraduría y la Fiscalía General de la Nación pueden ayudar a devolver en parte la confianza perdida por los ciudadanos, en el sentido que en este lado del planeta, ordinariamente, todo cambia para que las cosas sigan igual.

Cañon del Chicamocha -Santander-
Lo cierto es que debe llegarse al fondo de los graves escándalos que sacuden a Colombia, así sean muchos y de diversa índole; así comprometan a 'prestantes' figuras de los órdenes nacional y regionales; así tenga que revisarse el funcionamiento institucional ; así haya que construir más cárceles.

Las chuzadas telefónicas efectuadas desde el DAS, los acomodados repartos de Agro Ingreso Seguro, los falsos positivos, la defraudación en la DIAN, el carrusel de la salud, la deshonesta contratación de obras públicas en Bogotá y otros puntos de la geografía nacional, son apenas algunos de los más sonados en los medios de comunicación, pero no los únicos.

Con simples discursos o frases postizas los implicados no se pueden 'bajar' por las ramas, así como las autoridades y entes de control están obligadas a demostrar la culpabilidad de quienes hayan actuado de manera fraudulenta. También la ciudadanía debe estar activa y pendiente de tales procesos para presionar resultados, pues lo contrario sería pensarse como simple espectadora de un espectáculo circense de pasajera diversión y/o preocupación.

Frases que han hecho carrera cuando a alguien se le descubre actuando de mala fe en el sentido que se trata de "una persecución política" están revaluadas, sin negar que en algunas ocasiones situaciones de ese talante se deben haber presentado, pues es de imaginar que los corruptos intentan sacar del camino a quienes no siéndolo se convierten en estorbos para sus torcidas pretensiones y acciones.

Seguramente no todas las personas señaladas en varios de estos sucesos sean culpables, eso lo determinan los organismos competentes, pero tampoco resulta iluso pensar que a lo mejor falta gente por incluir en tales listas negras.

Otro asunto que produce vergüenza es mirar las penas mínimas que algunos de los culpables deberán purgar privados de la libertad. Quince o diez años que terminan reduciéndose drásticamente por colaborar con la justicia, estudiar, comportarse bien y, falte ver, si hasta por ir a misa los domingos dentro de las cárceles mismas. Eso resulta risible.

No faltarán argumentos en el sentido que si no es de  esa forma entonces la aplicación de la justicia para someter a muchos de los responsables sería casi que imposible, pues pocos se atreverían a delatar a sus compinches. Puede ser cierto, pero tampoco sin que se tenga que generar una especie de burla para con la sociedad que observa cómo un pequeño tiempo después los corruptos de hoy se pasean muy orondos por las calles de las ciudades posando de hombres honrados y disfrutando de sus riquezas mal habidas, aquellas que lograron desviar hacia sus testaferros, antes de tener que devolver algunas.

Colombia, ha llegado el momento de demostrar que la aplicación de la justicia no es sólo para los de ruana.

lunes, 18 de julio de 2011

Un segundo aire

Hace varias semanas decidí darle vacaciones a los escritos en el blog al pensar en más de una ocasión que muchas veces se cae en la trampa de lo que especialistas en el tema llaman esquizofrenia cognitiva; es decir, en sólo ver las cosas desde un punto de vista negativo, asumiendo posturas desesperanzadoras y creyendo que las soluciones son teóricas porque en la práctica se convierten en un imposible.
Bogotá

Generalmente los seres humanos somos de extremos: o bien optimistas fabricando en cientos de oportunidades meras ilusiones o, en otras ocasiones, convirtiéndonos en especie de 'jinetes del apocalipsis' para pronosticar todo lo malo que ha de llegar, incluyendo la resignación.

Sin embargo, la vida misma nos enseña que si no fuera por el optimismo y las ganas de salir adelante la raza humana no tendría presente ni futuro. También, que si se deja atrás una actitud critica frente a las situaciones cotidianas por ordinarias que éstas sean dicha perspectiva no hace que el sol pueda taparse con un dedo.

De todas maneras haciendo un balance personal de los temas que seguramente hubiese escogido estos días para escribir unos cuantos párrafos, muchos de ellos serían recurrentes aunque con diferentes protagonistas:

La continuidad de los escándalos en el sector salud; las cifras que no terminan de 'cuadrar' entre niños matriculados en la educación formal y los dineros que gira el gobierno, en apariencia más de lo que se debe; la insistencia presidencial por terminar de feriar lo poco que queda de educación superior pública en Colombia.

Igualmente,  la corrupción alrededor (¿y al interior?) de la DIAN en el robo de miles de millones de pesos, el provocado descontrol en varios municipios del país con las ayudas a los damnificados por la ola invernal del reciente año, el sufrimiento de pobladores del departamento del Cauca a raíz de los ataques indiscriminados  de la guerrilla, etc, etc, etc.

En otras palabras, uno quisiera dejar de escribir sobre ciertas problemáticas pero la realidad nacional pareciera recordarlas a cada instante: homicidios, corrupción, indolencia, funcionarios incompetentes y candidatos políticos disfrazados con piel de oveja,  entre otras cosas más.

Lógicamente está la otra cara, esa que muestra la mayoría de connacionales que, pese a todo lo anterior, siguen soñando con un país más justo, equitativo y solidario. La de hombres y mujeres de bien que a diario se esfuerzan por desarrollar manifestaciones de paces, de respeto, de humanismo, hechos que tampoco se pueden desconocer y, mucho menos, dejar de visibilizar.

La marcha continúa para seguir intentando desarrollar el más grande de los poderes que tiene el ser humano: la palabra, pues a través de ella se informa, se comunica y se transforma.

miércoles, 8 de junio de 2011

¡Qué valga el ciudadano, no su voto!

Una de las mediciones cuantitativas de la opinión pública se posibilita a través de las encuestas, tanto que a veces algunas personas consideran que es la única manera de hacerlo, olvidando que desde la parte cualitativa se pueden lograr resultados interesantes y de mayor argumentación ciudadana. Claro está, no se trata de desacreditar un enfoque para pretender dimensionar el otro. Los dos son significativos.

¿Por qué el asunto? Porque a algo más de tres meses para asistir a las urnas con miras a la elección de gobernadores, alcaldes, asambleas, concejos y juntas administradoras locales en todo el país, empiezan ya a tomar fuerza y amplia difusión los estudios estadísticos sobre la intención de voto en los diversos rincones de Colombia. ¡Ni imaginar las que se vienen!
Plaza Central, Cácota -Norte de Santander-

Como es apenas lógico suponer en estos casos, una encuesta de carácter político determina el grado de favorabilidad o aceptación  que determinado candidato o precandidato tenga dentro de la ciudadanía con el objetivo de llegar a ocupar un cargo de elección popular. 

Los partidos, movimientos y campañas se concentran en conocer de manera fundamental este tipo de información. Hasta ahí nada raro. El problema es cuando los encuestados, incluyendo también a quienes no lo son, se dejan llevar más por la emoción o la amargura de los fríos números y no por los planteamientos o propuestas de los aspirantes. 

Causa inquietud cuando funcionan más las estrategias propias del marketing político-electoral desde lo anecdótico o circunstancial, para distraer la atención sobre lo fundamental,  y no las discusiones serias y profundas sobre el proyecto de sociedad que se quiere construir.

Los potenciales electores hoy, reales el próximo 30 de octubre, no pueden seguir permitiéndose el lujo de caer en las trampas que muchas veces se fabrican y tienden desde cómodas y a veces poco iluminadas oficinas, en el sentido que se les tome como personas de la mayor ignorancia y a quienes fácilmente se les puede manipular.
En ocasiones se escucha hablar más sobre los votantes como cosas pertenecientes a fábricas electorales donde se producen en serie simples máquinas o aparatos para señalar a alguien en un tarjetón en determinadas fechas, que propiamente el referirse a seres humanos que tienen sueños y aspiraciones individuales y colectivas motivados por el bien común.

Aunque la participación en un proceso electoral es apenas una mínima muestra de una sociedad que se piensa democrática, también puede llevar a concluir, sin necesidad de ser profundos en el análisis, que se puede caer fácilmente en un espectáculo farandulero que tiene de todo, menos de democrático.

¡Ése es uno de los principales cuidados que debe tenerse! Cada persona en capacidad de sufragar debe ser consciente del inmenso valor político y social que representa su voto. Por eso no tiene derecho alguno a feriarlo, a venderlo, a prostituirlo, a regalarlo.

Frases tan comunes el día de elecciones como 'regáleme su votico' o, 'le doy tanto', deben desaparecer del panorama. Aqui hay que entender que nada se regala, prostituye, vende o feria. Quien desee el llamado favor popular debe ganáserlo con la argumentación de las ideas y la simpleza de explicar que lo que propone es posible. El resto, es mera retórica, pura demagogia, nada distinto a la politiquería.

La ventaja que ofrecen los comicios regionales y municipales es que generalmente la comunidad sabe quién es quién. Es decir, no se trata de candidatos a quienes se observa como lejanos o  apenas se logran distinguir en los medios de comunicación, sino de personas con quienes nos cruzamos en las calles o vecinos nuestros, en el mejor de los casos. Entonces, no es lógico que se vote a ciegas por alguien, a no ser que la manipulación existente sea tan grande, descarada y enfermiza que los electores no perciban la misma.

Estos temas deben pensarse con tiempo, de lo contrario es seguir permitiendo lo que podría denominarse también una cadena alimenticia corrupta o, mejor, cadena electoral llena de vicios y deshumanizada, donde lo que vale es el voto, no la gente.

Las encuestas, volviendo al planteamiento inicial, deben tomarse entonces con reserva de inventario. En una campaña política los importantes no deben ser quienes se esconden tras el telón luego de haber cumplido su labor de maquillaje (asesores de imagen, agencias de publicidad, etc.). Los importantes tienen que ser los candidatos, sus propuestas y las organizaciones políticas que los respaldan, por grandes o pequeñas que éstas sean.

Aún más importantes, los electores, que como sujetos políticos en tanto ciudadanos que son deben hacer valer esa condición.

viernes, 20 de mayo de 2011

La perversión de un modelo

Al repasar la historia de la humanidad pareciese encontrarse una situación que, en vez de haberse ido superando, se ha hecho reiterada en la mayor parte del mundo por acción de las relaciones de poder que la especie misma genera a cada instante: la exclusión.
Cartagena - Colombia -

Relaciones que tienen su fundamento en los postulados y acciones políticas, económicas, culturales y sociales, en general, que han llevado a establecer paradigmas dominantes no propiamente cruzados por sentidos éticos y valores morales que aseguren una convivencia digna y lo más armónicamente posible de los miembros de la especie entre sí y su relación con la naturaleza.

No es sino buscar lo que dice el diccionario sobre el término en referencia para advertir, en primera instancia, que exclusión es la acción y el efecto de excluir. Excluir, a su vez, es, según la misma Real Academia Española de la Lengua, quitar a alguien o algo del lugar que ocupaba; descartar, rechazar o negar la posibilidad de algo; dicho de dos cosas: ser incompatibles.

Seguramente podrían pensarse por lo menos dos maneras de ser o sentirse excluido: una primera, porque una persona o un colectivo no quieren pertenecer o identificarse con algo o alguien y, una segunda, porque ese algo o alguien simplemente no desea que otros hagan parte de él.

La generación, entonces, de relaciones dominantes que promueven teorías y acciones contrarias a principios y valores con presunciones universales como la igualdad, la solidaridad, la responsabilidad, la autonomía y el liderazgo, entre otros, quedan simplemente como retórica y listado de buenas intenciones en cartas nacionales e internacionales, más allá de las partes del mundo de donde provengan.

El capitalismo, por ejemplo, que ha tenido la habilidad de desarrollarse en diversas etapas según las circunstancias y los tiempos (mercantilismo, industrialización, neoliberalismo, etc.), sin duda alguna ha sido y sigue siendo un elemento de exclusión a más no poder.

Su horizonte económico de generar riqueza a través del fundamento económico del capital como elemento de producción, apoyado en discursos y prácticas sociales, para escribirlo en términos simples, ha permitido que la mayor parte de quienes viven bajo ese paradigma vean a diario cómo muy pocos tienen lo que esa mayoría necesita.

Bien lo cuestiona Pogge (2005) al preguntarse: ¿Cómo es posible que persista la pobreza extrema de la mitad de la humanidad a pesar del enorme progreso económico y tecnológico, y a pesar de las normas y de los valores morales ilustrados de nuestra civilización occidental enormemente dominante?

Con la implantación del capitalismo difícilmente podría ser de otra forma, pues los enfoques, modelos, discursos y relaciones se presentan dentro de una clara relación social vertical, donde no es la discusión o el debate lo que precisamente motive el establecimiento de acuerdos entre las personas, sino la imposición y las dictaduras de otros seres de naturaleza natural o jurídico que en aras de postulados que hablan de la igualdad de oportunidades, la libre competencia y la globalización, saturan a las naciones con la creación de necesidades y, aquellas, que efectivamente lo son, terminan siendo convertidas en mercancías. Ejemplo cercano el colombiano si se repasa lo que sucede con la salud, la educación y los servicios públicos.

La obligación del capitalismo tal como ha sido su desarrollo es para con los capitalistas no para con la humanidad, pues los índices de pobreza y miseria son cada día mayores; los programas asistencialistas apenas resultan sofismas de distracción para intentar hacer creer de la generosidad de un modelo que, como lo dice Borón en su texto sobre Mercados y Utopías, “ha experimentado una reestructuración regresiva a escala planetaria”, al introducir una explicación sobre el neoliberalismo, una de las tantas caras del capitalismo a lo largo de su historia.

Pero éste modelo dominante, que transcendió lo meramente económico, también ha tenido en la modernidad uno de sus aliados fuertes, pues dentro de esa dinámica impuesta socialmente, los aspectos relacionados con la racionalidad, el progreso y la democracia, han permitido de forma recalcitrante reproducir una y otra vez esas relaciones de poder, nada diferentes a las expuestas párrafos atrás; es decir, para producir riqueza (o pobreza?) y a través de ella generar más exclusión, creando diversos estadios donde algunos se ven superiores y muchos terminan creyendo ser inferiores, porque las prácticas sociales así lo enseñan.

Quienes no reconocen esos valores propios de la modernidad o no pueden acceder a ellos, por simple lógica terminan autoexcluyéndose, siendo excluidos, y/o alimentando “la producción de *residuos humanos* o, para ser más exactos, seres humanos residuales (los excedentes y los superfluos, es decir, la población de aquellos que o bien no querían ser reconocidos, o bien no se deseaba que lo fuesen o que se les permitiese la permanencia), es una consecuencia inevitable de la modernización y una compañera inseparable de la modernidad” (Bauman, 2004).

Podría pensarse que un modelo dominante tiene su razón de ser en la medida que permita a la humanidad alcanzar mayores niveles de justicia social, equidad, solidaridad y corresponsabilidad, entre otros valores; sin embargo, el periodo de la modernidad, aunque con sus ventajas científicas y tecnológicas, para citar algunas -además del progreso económico para una élite -, ha reiterado las profundas divisiones sociales y aumentado los niveles de miseria en el planeta, transformando la esclavitud anterior en varias comunidades a sometimientos presentados ahora de otras maneras.

Toma validez la pregunta de Pogge al insistir sobre “cómo es posible que persista tanta miseria pese al gran progreso alcanzado en las normas morales, pese a la consolidación de avances tecnológicos sin precedentes y pese al sólido crecimiento económico global” (Pogge, 2005).

Dentro de esta dinámica también cabe plantear el papel del Estado, pues es finalmente donde en forma práctica tienen aplicación los discursos y las prácticas de los paradigmas dominantes o hegemónicos y donde, dentro de la idea primaria que llama Hobsbawm (pensando en el Estado territorial), la institución como tal reclama y se siente con derechos sobre el pueblo.

Sin embargo, muchos de esos derechos hoy día no están condicionados sobre principios de autonomía, sino sujetos a los condicionantes que la modernidad y el mismo capitalismo contextualizan y recontextualizan a cada instante, propiciando agresiones a las culturas e identidades, como otro ejemplo evidente de exclusión.

Pareciese dejarse de lado, dentro de esas relaciones de poder también presentes en los estados, que una característica importante de los seres humanos y de la vida misma es la complejidad. Es decir, ni las relaciones ni los conflictos son simples y/o aislados, ni sus posibles gestiones apuntan en direcciones únicas e inequívocas; los diferentes elementos se entrecruzan, se interrelacionan, crean interdependencias, tienen más de una cara, están sujetos a factores internos y externos. Hay múltiples espacios para la incertidumbre.

Ahora, si se observa al ser como figura individual pero, también, como producto social, los aspectos culturales juegan papel importante, en el sentido de las definiciones que éste haga frente a sí mismo y su relación con la vida: cómo se piensa, cómo se concibe, qué posturas y acciones asume, entre otras cosas.

Hay una herencia cultural, precisamente, que influye en la determinación de los principios y valores que personas y sociedades construyen para sí mismos. En otras palabras, los condicionamientos que llevan a individuos y colectivos a proyectar, gestar y desarrollar las personalidades y las comunidades que sueñan.

La dinámica de la vida de los estados se observa en la actualidad definida por factores externos, muchos de los cuales no representan las expectativas propias de las comunidades. Esa regulación, necesaria por demás, al interior y exterior de los estados tiene como problema que sólo unos pocos definen cómo deben ser las relaciones a nivel planetario en materia de salud, comercio, política, entretenimiento, etc. legalizando dichos discursos a través de los diferentes organismos internacionales y legitimándolos por varias vías, entre otras la de los medios de comunicación.

Internamente, los estados también generan procesos de exclusión por doquier. No es sino mirar el caso de Colombia, para citar otro ejemplo, y preguntar qué pasa con las comunidades indígenas, las negritudes y otros colectivos que resultan enormemente discrimados por el sistema.

El capitalismo, la modernidad, el Estado, son elementos e instituciones que generan exclusiones de diverso orden, no solamente en lo económico. Entonces, surge la pregunta: ¿Será posible humanizarlos? Un giro ontológico positivo seguramente empiece a ser parte de la respuesta, como lo enseñan diversas posturas y experiencias en el mundo.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFÍCAS
Bauman, Z. (2004). Vidas desesperadas. La modernidad y sus parias. Paidos. Barcelona
Pogge, T. (2005). La pobreza en el mundo y los derechos humanos. Editorial Paidos, Barcelona.
Vega, E. (1998) (Editor).. Lectura de Eric Hobsbawm. Marx y el Siglo XXI. Editorial Pensamiento Crítico. Bogotá.

Del mundo y sus profecias... ¿Cuándo será?

Tramo carretera Cúcuta-Pamplona
Desde que era niño siempre escuché en mi querido e inolvidable pueblo de Sardinata que el mundo se acabaría en el año dos mil. Seguramente fue lo que en su momento otras personas más de finales de los 60 y de las generaciones de los 70, 80 y 90 también fueron alimentando a manera de rumores y apoyados en creencias de diverso orden.

Recuerdo también que cuando alguien celebraba un año más de vida siempre se le cantaba que los cumpliera hasta el año 2000. No se si la costumbre respondía por cosas del azar o pensando que hasta ahí llegábamos todos.

Bueno, llegó el dos mil y con excepción de quienes pasaron a lo que llaman 'mejor vida' muchos continuamos nuestro trasegar por este planeta  y hemos sumado estos añitos que el siglo XXI ha sabido regalarnos, por obra y gracia de Dios, claro está.

Mi más inmediata preocupación estaba fijada hasta el 21 de diciembre de 2012 cuando quienes se han encargado de estudiar la profecía Maya relacionada con dicha fecha, han manifestado que el mundo termina ese día o 48 horas después, dentro de un calendario que iniciara en el 3114 antes de Cristo.

Realmente lo que conozco de esa situación es muy poco. Nada, para ser sincero, más allá de las especulaciones que salen a flote en las conversaciones de pasillo.

Un grupo religioso en Estados Unidos llamado Family Radio ha promocionado que la historia termina este 21 de mayo. Apenas dentro de unas cuantas horas.

De ser así, y sin que apunten las siguientes frases a ser irrespetuosas o burlonas, ni más faltaba, quedaré con varias dudas sin resolver, en caso que el asunto vaya en serio. Por ejemplo:
  • ¿Qué hubiera pasado con los famosos integrantes de la familia Nule y sus socios que estafaron a medio país? ¿Una cárcel en Colombia? ¿Un apartamento en Dubai? ¿Uno de ellos alcalde de Bogotá?
  • ¿En qué año hubiesen terminado de asfaltar y/o pavimentar, para el caso del departamento Norte de Santander, la carretera entre Cúcuta y Ocaña?
  • ¿Hasta cuándo hubiese ido Chávez en Venezuela?
  • ¿Hasta cuándo habría Uribe dado 'lora' En Colombia?
  • ¿A quién el destino le tenía presupuestado ser primero Presidente de Colombia: a un hijo de César, de Andrés, de Álvaro o de Juan Manuel?
  • ¿Quién hubiese corrido con la suerte de  resultar favorecido con la adjudicación del tercer canal de televisión privado en el país?
  • ¿Cómo habría terminado la novela de las mafias de la contratación de la salud y los respectivos recobros?
  • ¿En qué año el Cúcuta Deportivo iba a ser por segunda vez campeón de la liga profesional de fútbol?
  • ¿Hubiese aguantado el 'bolillo' Gómez a ser el director técnico de Colombia en el mundial del 2048?
  • ¿Habría seguido Colombia teniendo buena parte de su población viviendo entre la pobreza y la misería?
  • ¿A los cuántos años hubiese gozado de mi pensión? ¿A los 110 y con el 10% del último salario?

Barichara - Santander -
Son tantas y tan variadas las cosas que quedan por fuera de este listado que lo único que espero es que Dios nos regale muchos años más de vida... muchos 21 de mayo más y, sobre todo, la posibilidad de encontrar las respuestas.

De lo contrario, dejo constancia histórica de lo que se preguntaba un terrícola más en un país llamado Colombia el 20 de mayo de 2011 a eso de las 18:00 horas, por si algún día la misma especie o una más avanzada puede recuperar los archivos de internet presentes y tratar de entender lo que aquí sucedía.

¡Nos vemos mañana, si Dios quiere!